Cuando una pieza encuentra su lugar
La historia de una pieza no termina cuando sale de mi taller. Ahí comienza una nueva.
Cuando termino un mueble, siempre pienso en todo lo que ocurrió para llegar hasta ese momento: la madera que encontré, sus formas, las decisiones que fui tomando y las horas que pasé trabajando en ella.
Pero hay algo que me gusta todavía más imaginar: el lugar que ocupará después.
Una mesa alrededor de la que se reunirá una familia. Un mueble que acompañará una casa durante años. Una pieza que alguien eligió porque encontró en ella algo que no podía encontrar en otra.
Una nueva historia
Me gusta pensar que cada pieza se transforma nuevamente cuando llega a su nuevo hogar.
La madera que alguna vez estuvo en un bosque, en un tronco olvidado o en un lugar que ya no recordamos, comienza a formar parte de otra historia.
Con el tiempo aparecerán nuevas marcas, cambios de color y pequeñas señales de la vida cotidiana.
Y para mí, eso también es parte de su belleza.
Una pieza única no necesita permanecer intacta para seguir siendo especial.
Elegir algo que perdure
Cuando alguien elige uno de mis muebles de madera artesanal, no está llevando solamente un objeto a su casa.
Está eligiendo una pieza hecha con tiempo, con dedicación y con una materia que tiene su propia historia.
Eso es lo que espero que ocurra con cada creación que sale de mi taller: que encuentre un lugar, que sea usada, disfrutada y que con los años pueda sumar una nueva historia a la que ya tenía.
Porque quizás la mejor parte de crear una pieza es saber que su historia continúa cuando deja mis manos.



