¿Qué veo cuando miro un tronco?
Una madera nunca es simplemente madera. Antes de convertirse en una pieza, tiene una historia que quiero descubrir.
Durante mucho tiempo, un tronco podía parecerme simplemente eso: un pedazo de madera esperando algún destino.
Hasta que un día uno llegó a mis manos.
Lo tomé, lo observé y comencé a trabajarlo. Y mientras la madera se abría, aparecieron cosas que antes no sabía mirar: vetas, colores, formas, texturas y marcas que habían estado ahí todo el tiempo.
Ese momento cambió mi manera de ver.
Aprender a mirar
Hoy, cuando tengo una pieza de madera frente a mí, no pienso inmediatamente en qué mueble puedo hacer con ella.
Primero la miro.
Observo sus formas, sus irregularidades y las marcas que el tiempo dejó en ella. Algunas pueden parecer imperfecciones, pero muchas veces son justamente esas características las que hacen especial a una madera.
Cada árbol crece de una manera distinta. Por eso sé que nunca encontraré dos piezas exactamente iguales.
Y esa diferencia es parte de lo que más valoro de mi oficio.
Descubrir lo que ya existe
Trabajar la madera me enseñó que crear no siempre significa imponer una forma.
Muchas veces significa descubrir una forma que ya estaba ahí.
Una veta que aparece al lijar, una curva escondida bajo la corteza o una textura que transforma completamente una superficie.
Mi trabajo comienza con observar, tocar, imaginar y preguntarme:
¿Qué puede llegar a ser esta madera?
Una nueva vida
Hoy entiendo que una parte importante de mi trabajo consiste en respetar aquello que hace diferente a cada madera.
Cuando creo un mueble artesanal o una pieza única, quiero que sus características sigan presentes. Que sus vetas, sus marcas y sus formas sean parte de la historia.
Por eso cada creación es diferente.
La madera aporta su historia. Mis manos, mis herramientas, mis decisiones y mi tiempo completan el resto.
Y así nace una pieza que no puede repetirse.
Quizás eso es lo más bonito que me ha enseñado este oficio: detenerme a mirar nuevamente aquello que parecía simple y descubrir todo lo que podía llegar a ser.
Hoy, cuando miro un tronco, ya no veo solamente madera.
Veo una historia que todavía no ha terminado.



